adicta al sexo
Las relaciones íntimas están contempladas en la sociedad como algo agradable y exigente. A bastantes personas les encantaría estar practicándolo todo el tiempo. No obstante, para otras muchas este deseo acaba por desembocar en una necesidad que jamás se satisface. Charlamos puesto que de adicción al sexo, uno de los mayores inconvenientes siquiátricos en nuestra sociedad. Se estima que el ocho por ciento de la población de España padece algún género de trastorno relacionado con él, conforme 'Efe'.
Una de las peculiaridades de este problema médico es que no se ve como un foco potencial de adicción, como sí pasa con otras drogas, puesto que no es una substancia ni algo tangible. Además de esto, el fenómeno, conocido como hipersexualidad, se ve fomentado por el veloz y simple acceso a contenidos pornos mediante internet, lo que multiplica los casos y hace que sea realmente difícil salir de esa espiral destructora de deseo carnal. En el mes de julio, la OMS (OMS) reconoció formalmente la adicción al sexo como una condición de salud mental, definiendo el trastorno como una incapacidad para supervisar los impulsos sexuales intensos.
The New York Post' recoge la historia de Rebecca Parker, una mujer de treinta y siete años y madre de 3 pequeños cuya adicción la llevó por la ruta de la perdición. Conforme confiesa, llegaba a sostener relaciones a lo largo de más de 7 horas. "Siempre y en toda circunstancia he tenido el deseo sexual disparado", reconoce. "Perdí la virginidad a los quince años y conocí al padre de mis 2 primeros hijos a los dieciseis. Ahí empezó todo. Hacíamos el amor todos y cada uno de los días, mas con el paso del tiempo y tras dar a luz, todo se precipitó". Kinesiologa de 25 años en Santa Anita
Parker se vio atrapada en su vida conyugal, y fue a los veinticuatro años cuando decidió recortar con el que había sido hasta ese momento su marido. Entonces, se fue a vivir con su madre en una granja de la localidad francesa de Vienne. Distanciada del mundanal estruendos, sus imperiosos deseos retornaron cuando conoció a un chaval en una barbacoa. "Fue amor a primer aspecto", explica. "Los 2 estábamos absolutamente enamorados el uno del otro y no podíamos dejar de hacerlo en todo momento, prácticamente todos los días. En dos mil diez, tuvimos una hija. Me mudé con él, nos comprometimos uno con otro, mas solamente comenzar a vivir juntos, comencé a sentirme intranquiliza y también insegura".
La carencia de comunicación con sus seres queridos agudizó el trastorno de Parker. "Fui al médico y me recetó fármacos contra la ansiedad. Fue en ese instante, en dos mil catorce, cuando mi impulso sexual se transformó absolutamente en una adicción. Cada minuto que pasaba lúcida, tenía pensamientos obsesivos con el sexo. Al ceder a la tentación me sentía mejor conmigo misma, menos agobiada, mas la satisfacción no existía en un largo plazo. Tan pronto como terminaba, solo aguardaba hacerlo nuevamente, una y otra vez. Mi marido no podía quedarse todo el día conmigo en la cama; cuando salía a trabajar, lloraba y le rogaba que se quedase conmigo".
La espiral de pensamientos obsesivos hizo brotar en Parker un sentimiento de descalabro que le llevó a sufrir depresión. El sexo era lo único que le hacía sentirse bien, mas por desgracia, era una sensación momentánea. "Trabajábamos desde casa dirigiendo una granja juntos. Le volvía orate. Nos acostábamos 5 veces al día, mas no era suficiente. Me sentía como una drogodependiente que precisaba un colocón instantáneo. Tan pronto como lo tuviese, precisaba otro y otro. Se transformó en un medio para calmar los pensamientos de mi cabeza".
Una de las peculiaridades de este problema médico es que no se ve como un foco potencial de adicción, como sí pasa con otras drogas, puesto que no es una substancia ni algo tangible. Además de esto, el fenómeno, conocido como hipersexualidad, se ve fomentado por el veloz y simple acceso a contenidos pornos mediante internet, lo que multiplica los casos y hace que sea realmente difícil salir de esa espiral destructora de deseo carnal. En el mes de julio, la OMS (OMS) reconoció formalmente la adicción al sexo como una condición de salud mental, definiendo el trastorno como una incapacidad para supervisar los impulsos sexuales intensos.
The New York Post' recoge la historia de Rebecca Parker, una mujer de treinta y siete años y madre de 3 pequeños cuya adicción la llevó por la ruta de la perdición. Conforme confiesa, llegaba a sostener relaciones a lo largo de más de 7 horas. "Siempre y en toda circunstancia he tenido el deseo sexual disparado", reconoce. "Perdí la virginidad a los quince años y conocí al padre de mis 2 primeros hijos a los dieciseis. Ahí empezó todo. Hacíamos el amor todos y cada uno de los días, mas con el paso del tiempo y tras dar a luz, todo se precipitó". Kinesiologa de 25 años en Santa Anita
Parker se vio atrapada en su vida conyugal, y fue a los veinticuatro años cuando decidió recortar con el que había sido hasta ese momento su marido. Entonces, se fue a vivir con su madre en una granja de la localidad francesa de Vienne. Distanciada del mundanal estruendos, sus imperiosos deseos retornaron cuando conoció a un chaval en una barbacoa. "Fue amor a primer aspecto", explica. "Los 2 estábamos absolutamente enamorados el uno del otro y no podíamos dejar de hacerlo en todo momento, prácticamente todos los días. En dos mil diez, tuvimos una hija. Me mudé con él, nos comprometimos uno con otro, mas solamente comenzar a vivir juntos, comencé a sentirme intranquiliza y también insegura".
La carencia de comunicación con sus seres queridos agudizó el trastorno de Parker. "Fui al médico y me recetó fármacos contra la ansiedad. Fue en ese instante, en dos mil catorce, cuando mi impulso sexual se transformó absolutamente en una adicción. Cada minuto que pasaba lúcida, tenía pensamientos obsesivos con el sexo. Al ceder a la tentación me sentía mejor conmigo misma, menos agobiada, mas la satisfacción no existía en un largo plazo. Tan pronto como terminaba, solo aguardaba hacerlo nuevamente, una y otra vez. Mi marido no podía quedarse todo el día conmigo en la cama; cuando salía a trabajar, lloraba y le rogaba que se quedase conmigo".
La espiral de pensamientos obsesivos hizo brotar en Parker un sentimiento de descalabro que le llevó a sufrir depresión. El sexo era lo único que le hacía sentirse bien, mas por desgracia, era una sensación momentánea. "Trabajábamos desde casa dirigiendo una granja juntos. Le volvía orate. Nos acostábamos 5 veces al día, mas no era suficiente. Me sentía como una drogodependiente que precisaba un colocón instantáneo. Tan pronto como lo tuviese, precisaba otro y otro. Se transformó en un medio para calmar los pensamientos de mi cabeza".

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